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Neuroliderazgo: Las Emociones Son Fundamentales En La Toma De Decisiones

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Durante muchos años, y tanto en los ámbitos educativos como en el mundo del trabajo, se privilegió el pensamiento racional, tratando como “algo” separado el cuerpo y las emociones. Sin embargo, las neurociencias en conjunto con el neuroliderazgo han demostrado innumerables veces que los mecanismos emocionales guían la toma de decisiones, más aún, se considera que cuando sus componentes están ausentes aumenta la probabilidad de que nos equivoquemos. 

Néstor Braidot, especialista en neurociencias aplicadas al desarrollo de organizaciones y personas, afirma en su curso de neuroliderazgo que automonitorear las emociones ayuda a decidir mejor y más rápido, también mejora la calidad de vida. 

“Cada vez que decidimos intervienen numerosos factores. Parte de nuestra sabiduría emocional se asocia con las inscripciones que traemos en el cerebro como resultado de la evolución por ejemplo, el miedo nos impulsa a alejarnos del peligro y garantiza nuestra supervivencia. Los marcadores somáticos, que también le facilitan al cerebro la tarea de elegir entre dos o varias alternativas, especialmente cuando está involucrada la memoria episódica. Al anticiparse a las posibles consecuencias de una elección, el cerebro genera respuestas emocionales que se reflejan en cambios corporales y guían el proceso de toma de decisiones”, detalla el experto.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando tomamos una decisión?

Braidot nos explica que los marcadores somáticos pueden enviar señales no conscientes que preceden y, al mismo tiempo, agilizan el proceso de decidir, llevándonos a que, más de una vez, no podamos manifestar conscientemente por qué elegimos esto y no aquello.  

“Cuando están ausentes o se han debilitado, es posible que las decisiones que se tomen sean inadecuadas o desventajosas. Este problema ha sido observado en personas con lesiones en algunas zonas del cerebro emocional, por ejemplo, la amígdala”, puntualiza. 

De igual forma, Braidot utiliza como ejemplo a uno de los grandes especialistas en este tema, Antonio Damasio, quien ha realizado grandes avances en el estudio de los mecanismos emocionales vinculados a la toma de decisiones. 

“Luego de años de investigación, llegó a la conclusión de que la capacidad de sentir aumenta la eficacia del razonamiento, mientras que su ausencia la reduce”, añade.

Por ejemplo, tanto la neuroeconomía como el neuromarketing constataron que en la mayor parte de las compras que los clientes han evaluado posteriormente como acertadas no ha sido el pensamiento racional, que normalmente realiza un análisis coste-beneficio, sino el emocional quien inclinó la balanza. Ello deja nuevamente en claro lo siguiente: 

  • La mayoría de nuestros miedos, bloqueos, angustias e «indecisiones» están estimulados por estructuras neuronales asociadas a emociones que son nuevamente activadas al repetirse estímulos similares. 
  • Las emociones contribuyen a tomar decisiones, tanto las basadas en instintos (como la supervivencia) como las que requieren elaboración (elegir el lugar para vivir y comprar una casa). 

Para comprobar lo antes descrito, Néstor Braidot volvió a señalar los estudios de Damasio, pero esta vez con  el caso de un empresario intelectualmente brillante que no podía alcanzar los objetivos de su trabajo luego de una operación durante la cual le extirparon un tumor ubicado detrás de la frente.  

“Damasio dedujo que había una consecuencia derivada de la operación, ya que el tumor tenía el tamaño de una mandarina y, al extraerlo, se habían cortado conexiones entre la amígdala y otros sectores importantes de la corteza prefrontal. Dado que el funcionamiento neurocognitivo no parecía afectado, respondía muy bien a todas las pruebas, se dedujo que lo que dificultaba su capacidad para tomar decisiones era, precisamente, la ausencia de emociones”, manifiesta Braidot.  

Este caso, sumado a otros de contenidos similares, revela que durante las últimas dos décadas la ciencia ha logrado una mejor comprensión de los verdaderos motivos del comportamiento humano relacionado con la toma de decisiones y que en estos motivos hay un fuerte componente emocional comandado por la amígdala del cerebro.

Este componente emocional puede implicar la creación de un patrón de respuesta que, a su vez, afectará las decisiones futuras en forma no consciente.  

También puede ocurrir que los tiempos de reacción tan rápidos de la amígdala nos jueguen una mala pasada, ya que involucran reacciones primitivas, poco elaboradas, como gritar o pegar.  

Las decisiones basadas únicamente en respuestas emocionales, sin participación de los mecanismos cerebrales superiores, como el razonamiento, pueden llevarnos hacer cosas de las cuales nos arrepentiremos más de una vez.

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