El complejo exportador de carne vacuna argentino atraviesa un momento paradójico: los precios internacionales tocan máximos de varios años y el valor de los embarques crece a tasas de dos dígitos, pero la faena de cabezas de ganado se ubica en su nivel más bajo de la última década y la producción total roza el mínimo de los últimos nueve años. La combinación pone en el centro de la escena al productor ganadero, que enfrenta la decisión de vender vacas para captar precios altos o retener vientres para reconstruir el rodeo.
Exportaciones en alza
Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), el precio promedio de exportación llegó en mayo a los 7.251 dólares por tonelada, un 32,4% más alto que un año atrás. En ese mismo mes se embarcaron unas 58.600 toneladas por 425,1 millones de dólares, con un crecimiento del 23,3% en volumen y del 28,6% en valor respecto de abril. China sigue siendo el destino dominante de los embarques, aunque los frigoríficos exportadores vienen reclamando diversificar mercados para no depender de un solo comprador.
Pese al buen momento de precios, la cotización internacional de la hacienda tuvo en junio su primer retroceso después de cinco meses consecutivos de subas, lo que empezó a moderar las expectativas de una escalada sin techo para lo que resta del año.
El dilema del productor: vender o retener
En el mercado interno, el novillo se ubica por encima de los 5.000 pesos por kilo y el ternero de invernada cotiza en torno a los 4 dólares por kilo, mientras que una vaca preñada de buena genética puede superar los 2 millones de pesos. Estos valores empujan a muchos productores a liquidar vientres en lugar de retenerlos para parición, una decisión que en el corto plazo mejora la caja pero compromete la reposición del stock ganadero hacia adelante.
Datos de mercado muestran que el movimiento de terneros sufrió una fuerte retracción tras cambios regulatorios recientes, y que los feedlots operan con más hacienda encerrada pero menor ingreso de terneros, un combo que ya presiona sobre los costos de engorde y anticipa tensiones de oferta para los próximos meses.
Financiamiento, el talón de Aquiles del sector
Referentes del sector ganadero vienen señalando una contradicción de fondo: pese a mover más de 20.000 millones de dólares al año entre producción interna y exportación, la actividad recibe una porción mínima del crédito bancario total del país. Entidades del sector reclaman líneas específicas para financiar la capitalización de rodeos y la inversión en genética, con el argumento de que sin crédito accesible el ansiado «salto ganadero» hacia una mayor producción exportable no será sostenible en el tiempo.
La brecha entre precios altos y producción en baja preocupa especialmente a los frigoríficos exportadores, que ven cómo el boom de ventas al exterior empieza a impactar en el mostrador local: el consumidor argentino paga cada vez más por la carne, en un contexto de menor disponibilidad de hacienda para faena.
Para el público inversor y agropecuario que seguimos de cerca en Belgrano, el cuadro de situación es claro: el negocio ganadero ofrece rentabilidad en dólares como hace tiempo no se veía, pero el desafío de sostenerla en el tiempo pasa por resolver el cuello de botella del financiamiento y por evitar una liquidación de vientres que termine erosionando la base productiva del país.
