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17 abril, 2024 6:14am

¿Reconocés a un buen líder cuando lo ves? 7 rasgos fundamentales

¿Qué nos permite distinguir a un buen líder? ¿El logro de grandes resultados? ¿Equipos de trabajo sólidos y comprometidos? ¿Contextos saludables para el desarrollo profesional y personal? ¿Comunicaciones interpersonales respetuosas y atentas?

De alguna manera, el liderazgo está presente cuando nos encontramos con todos estos aspectos, perfectamente equilibrados unos con otros. Pero, también, requiere de muchos otros conocimientos, habilidades y valores que contribuyen al desarrollo de las organizaciones. 

Con la ayuda del especialista en gestión de Trusts, Alejandro Zubiría, recuperamos los 7 rasgos fundamentales que definen a un verdadero líder y contribuyen al desarrollo de procesos operativos basados en la comunicación, la empatía y la eficiencia.

7 rasgos por los que se distingue un buen líder

Actualmente, ha cobrado enorme relevancia un aspecto del perfil profesional que antes, quizás, no era una prioridad sino más bien una cuestión secundaria. Hablamos de la inteligencia emocional del colaborador, un aspecto imprescindible cuando se trata de guiar equipos de trabajo y transformar las organizaciones.

Es en función de este concepto, constituído de toda una serie de conocimientos, herramientas y habilidades, que se desprenden al menos 7 rasgos distintivos de un buen líder. 

¿Qué tal si los recorremos uno a uno? Te invitamos a evaluar el desempeño actual de tu equipo de trabajo: ¿Cuáles de estos aspectos se hallan presentes? ¿Cuáles son una valiosa oportunidad de crecimiento? Además, en efecto, de evaluar cuáles son tus fortalezas y debilidades al interior de tu equipo de trabajo. 

(Spoiler Alert: la autoevaluación es la base para el desarrollo del liderazgo).

1) Es un gran comunicador

Sabemos que la comunicación es uno de los pilares de todo puesto de liderazgo. Las habilidades interpersonales definen a un buen líder. Este es quien crea oportunidades de diálogo, de intercambios productivos que facilitan el desarrollo conjunto del trabajo.

2) Es, aún, un mejor oyente

Un buen líder, enfatiza Alejandro Zubiría, sabe expresarse con claridad y seguridad. Pero, también, sabe escuchar a sus colaboradores, construir contextos empáticos y respetuosos donde estén dadas las condiciones para la expresión de sus ideas, conocimientos y opiniones, así como de sus inquietudes y preocupaciones.

3) No teme al cambio y asume nuevos desafíos

Ser líder es poder gestionar oportunamente contextos de alta incertidumbre y hacer del cambio un nuevo abanico de grandes posibilidades. Un buen líder, en definitiva, es quien puede distinguir oportunidades donde a simple vista solo se delinean contextos desfavorables.

Parte importante del desarrollo del liderazgo implica poder inspirar y motivar al equipo de trabajo. Principalmente en los momentos difíciles, cuando los resultados esperados no se han alcanzado o bien debemos dar marcha atrás en alguna parte del camino que nos conduce hacia los objetivos propuestos.

4) Ha desarrollado una visión amplia y estrategica

Una persona con verdadera capacidad de liderazgo tiene una perspectiva múltiple, puede posicionarse desde diferentes puntos de vista ante una misma situación e identificar cuáles decisiones son las más pertinentes en cada caso.

Conoce, además, cuáles son los métodos más eficaces para alcanzar un determinado objetivo. Y, por lo tanto, es quien diseña y coordina los esfuerzos conjuntos para su cumplimiento.

Sin embargo, a lo largo del proceso, un buen líder no descuida a su equipo de trabajo. Procede bajo una planificación estratégica, coherente y consistente, al tiempo que permanece atento a su bienestar. Delega las tareas de forma tal que estas sean, para cada colaborador, una vía de desarrollo de nuevas competencias y habilidades.

5) Es accesible y se encuentra disponible

Personas con mayor desarrollo emocional, dispuestos a la escucha y el diálogo son percibidas como líderes confiables. Ello contribuye a ambientes de mayor satisfacción laboral, donde se fomenta la expresión y creatividad de los equipos.

Desde un lugar de liderazgo, además, es fundamental construir una comunicación sincera y respetuosa. Esta, incluso, permitirá al líder identificar e integrar a los colaboradores, quienes aportarán su conocimiento especializado y enriquecerán los procesos de trabajo. 

6) Es autocrítico y continúa perfeccionándose

Un buen líder se halla en constante aprendizaje. Trabaja día a día en el desarrollo de su inteligencia emocional, esto es, en sus habilidades para reconocer y gestionar emociones y comportamientos, para percibir y observar las dinámicas de un grupo e identificar tanto sus fortalezas como debilidades.

Un verdadero líder, de hecho, es quien puede aceptar y realmente procesar las críticas. Quien evalúa su propio desarrollo y puede preguntarse: ¿quién soy yo como líder? Esto le permitirá evaluar sus propias fortalezas y debilidades, proponerse un camino de transformación personal y profesional.

7) Enseña con el ejemplo

Un grave error en las organizaciones es el “doble estándar”: cuando la persona que ocupa el rol de liderazgo dice una cosa y hace otra. Esta falta de consistencia en su desempeño y comunicación es, de hecho, un rasgo de liderazgo débil.

Todo líder debe ser consciente de que el equipo de trabajo lo observa a cada paso. Cada colaborador percibe señales de su comportamiento y, en función de estas, puede delinear los rasgos de una figura de autoridad verdadera y respetable.

Ser un buen líder, por lo tanto, requiere de autogestión, autoconciencia y humildad.

Ser un buen líder hoy

Actualmente, construir una cultura de desarrollo sólida es una necesidad prioritaria de toda organización. Destinar tiempos y recursos al desarrollo de líderes debe ser considerado como un imperativo estratégico y no meramente como una cuestión táctica.

Aumentar y fomentar la capacidad de liderazgo es una responsabilidad de las organizaciones pero, asimismo, una verdadera ventaja. Con ello, estarán trazando caminos que conduzcan, de forma clara y consistente, hacia el cumplimiento de proyectos, objetivos y el desarrollo de nuevas iniciativas.

El propio líder, en efecto, debe sentirse escuchado y contenido en el marco corporativo. Percibir que su tarea es valorada y que se apuesta por su desarrollo en dicho rol. 

Desde ese lugar, quien ocupe una posición de liderazgo podrá comprender y replicar relaciones de trabajo basadas en el respeto mutuo y la confianza. Podrá transmitir a los miembros de su equipo la importancia y necesidad de trabajar alineados, disponiendo los medios requeridos para ello.

En conclusión, señala el especialista en fideicomisos, podemos decir que la clave del liderazgo consiste en reconocer que trabajamos, en primera instancia, con personas; en lugar de simplemente etiquetar puestos de trabajo o roles profesionales, expertos, técnicos, etc. Implica, en efecto, una gran responsabilidad, un complejo pero transformador desafío.

¿Y vos? ¿Qué clase de líder sos? ¡Te invitamos a reflexionar sobre estos rasgos y desarrollar tu capacidad de liderazgo!

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