Tradicional empanadería dijo adiós ante altos costos y tarifazos

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Tarifazos y aumentos en el alquiler hicieron que tradicional empanadería, decidiese cerrar sus puertas. Con gran tristeza, vecinos de la zona, consumidores y su propietario, asumen el cierre. Al parecer, este es otro de los establecimientos porteños que no pudo continuar en pie. Su propietario detalló que se encuentra asfixiado por los costos, y por ello tomó esta difícil decisión.

Se trata de la afamada empanadería El Gran Pipón, ubicada en la ochava de San Juan y Dorrego. Vale resaltar que esta empanadería fue fundada en el año 1.981, y deja un hondo pesar entre los vecinos. Luego de 37 años de consolidación en el gusto de sus clientes, el propietario decidió bajar las persianas.

El dueño tomó la difícil decisión de dar por culminada su gestión gastronómica, ante lo que considera un escollo insalvable.  Relató que el cierre inminente vino tras el incremento de los precios del alquiler. Adicional a ello, la reducción de clientes que generó la caída del consumo, fue lapidario.  Refirió que desde el año 1.981, puso gran empeño en levantar este establecimiento que hoy, sucumbe y dice adiós.

Más gastos que ventas

Desde sus inicios, sus recetas y productos causaron sensación entre los consumidores. De carne, jamón y queso o humita, fritas o al horno, eran las preferidas de los vecinos de la zona. El rico sabor, las hizo ser las favoritas de habitantes y vecinos de otros barrios. Más de un turista pudo deleitarse con estas preparaciones tan llenas de sabor casero.

Años después en Rosario, se dio la apertura comercial y surgieron nuevos establecimientos. La oferta de productos similares se hizo presente, con ello la competencia. Pese a ello, el Gran Pipón salió adelante, y siguió siendo el mejor  en el corazón de los compradores.  Por ello, logró consolidarse  como una marca registrada en el macrocentro de la ciudad.

Cada viernes, en el Gran Pión se vendían alrededor de 1.300 empanadas. Desde hace meses atrás, el local experimentó un descenso y sólo se vendían 700 a 800. Los clientes siguieron siendo los mismos, pero sus compras eran menores. Miguel, el propietario destacó que esas vivencias, le hicieron pensar en el cierre.

La mudanza para la esquina de Italia y 3 de febrero, no dieron los resultados esperados. Los altos costos, siguieron siendo el problema mayor. Destacó que los gastos ascendían a 30 mil de alquiler, 20 mil pesos de luz y 7 mil de gas. Adicional a ello, debía cancelar 3 mil pesos por la recolección de residuos especiales. A este debía sumarle los tributos y el pago del personal que laboraba en dicho establecimiento.




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